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| El baño de la Cava (Pintura de Franz Xaver Winterhalter) |
En mi anterior relato
dejé una cita histórica que me gustaría rematar. El hecho de que la cita navega
entre la historia y la leyenda da qué pensar, pero solo porque los textos
árabes la tienen por historia, más su presencia en el Romancero, es
por lo que lo sucedido en ella lo considero menos ficticia que real, aunque
adornada con bellos intríngulis.
El suceso nace en
Toledo, y tuvo que ser ahí y no en ninguna otra ciudad; no la hay más meritoria que ella. Toledo tiene
más encanto, más belleza, más historia y más leyendas que cualquiera. Es una
de las más secretas y misteriosas ciudades de España. Y las más poderosas
leyendas mudas: las mismas piedras hablan y exhalan el espíritu de la antigua
historia.
Queden para turistas y
estudiosos sus cientos de monumentos militares, civiles y religiosos
encaramados en la atalaya que lo ha mantenido en el suceder de los siglos. Y
quede para mí y para lo que nos ocupa lo constreñido íntimo entre sus murallas
atinentes a todo aquello que nos hace suspirar, violentar, asustar, rezar,
inquirir, sobrecoger o alarmar. Y será entonces cuando Toledo nos hechice y nos
fascinen sus historias y leyendas.
Recorrer sus tortuosas
calles es dar con bellezas de naturaleza familiar. Te sorprenderán las calles
que no dan el ancho de los brazos en cruz, y solamente sus mismos nombres te
turbarán: callejón de los niños hermosos, del infierno, de la soledad, del Niño
Jesús, del Nuncio Viejo. Te sobrecogerá la campana que suena a medianoche entre
tinieblas de soledad. Te asombrarán los pequeños patios entoldados con parra y
madreselva en flor–copiado está el diseño de”patio toledano” por el mundo. Descubrirás
mansiones encantadas, momias impertérritas, mazmorras inquisitoriales,
covachas, espectros extravagantes.
A Toledo se le pasea
sin buscar rincones pintorescos, ellos te saldrán al paso. En noches de
silencio verás pasear a los personajes que en él han vivido: Juanelo Turriano “hombre
de palo”, El Greco, el marqués de Villena, Garcilaso de la Vega, don Esteban
Illán. Y todo su vivir lleno de amores prohibidos, de venganzas de sangre, de
milagros, de vírgenes negras. Y de traiciones, que a eso vamos.
En fin, son argumentos para
pasearlo sin guía ni compañía, pues todo paseo es un viaje al descubrimiento. Y
en la fascinación de Toledo interviene
el espíritu de la belleza, que es eterno.
Nos espera allá abajo el
río, el anchuroso, el enfebrecido Tajo. Bajo el puente de San Martín, meandros
a través de un valle. Y aquí tuvo lugar el origen de la leyenda que se ha dado
en llamar “El baño de la Cava”. El baño de la “mujer mala”, que eso significa
“Cava” en árabe. Y empecemos.
Resulta que el conde don
Julián era el gobernador de Tánger y de Ceuta. Y a una hija de excepcional
belleza llamada Florinda la mandó a Toledo para su educación, que a tal sazón
era la capital de su reino, y por tanto quedaba bajo los auspicios del entonces
rey godo don Rodrigo, del que era leal servidor.
Un día de agobiante
calor Florinda decidió tomar un baño en el río Tajo, y emprendió el descenso
por las calles hasta llegar a una orilla al pie de un torreón cercano al actual
Puente de San Martín, que entonces no había sido construido. Se bañaba con
frecuencia y nunca pasó nada, pero en aquella ocasión el baño iba a sellar su
desgracia. Tras unas yedras observaba el
rey Rodrigo su desnudez y se le encendió la pasión que venía de atrás.
Deshonrada, Florinda nunca volvió a ser la de antes. Comunicó a su padre la
desdicha y éste preparó la venganza facilitando sus barcos para la entrada de
los musulmanes a España, que fue invadida por Tarik con un ejército de quince
mil hombres. El rey godo le presentó batalla en Guadalete, perdió, y pudo morir
en ella. Ocurrió el hecho en el año 711, año aquel en el que ocuparon España
hasta el 1492. Hasta aquí la historia en cifras.
¿Qué se supo de
Florinda? Parece que desconsolada por pensar que Toledo había caído en poder
del musulmán por su culpa, se dice que se arrojó desde el torreón al Tajo,
donde murió ahogada. Mucho tiempo después algo extraño ocurría. Circulaba un
rumor en la ciudad que hablaba de una mujer de rostro perlino, vagando errante y
hablando palabras que no entendía nadie. Y cuando la noche era borrascosa en
extremo, deambulaba la imagen del rey Rodrigo que osó forzarla. Para acabar con
el embrujo, los toledanos, asustados, hicieron bajar a un monje santero y
milagrero de las montañas, quien gracias a sus rezos por el descanso eterno de
la pareja, anunció que había visto salir del agua los espíritus juntos de
Florinda y el rey. Desde entonces nunca más volvieron a verse sus espíritus. Pero
la leyenda llega hasta Pedroche
(Córdoba) donde se cuenta que Florinda se refugió en el castillo con el hijo
que tuvo con el rey Rodrigo y…Y hasta aquí la leyenda.
Queda algo escrito. Y
es en el Romancero español. Un romance no es más que un poema conservado en la
memoria popular. Un suceso ocurría, se componía en verso, y se cantaba de
pueblo en pueblo. Así llegaba a conocimiento de todos y así se han mantenido
los sucesos desde tiempos inmemoriales. Después, al suceso relatado, que es
verídico, désele la forma que se quiera. Y este “baño de la Cava” está recogido
en el llamado “Historias del último rey godo”. Extraigo unas perlas.
“Pensó la Cava estar
sola, /pero la ventura quiso/que entre unas espesas yedras/la miraba el rey
Rodrigo”.
“Florinda perdió su
flor, /el rey padeció el castigo; /ella
dice que hubo fuerza, /él que gusto consentido. /Si dicen quién de los dos/la
mayor culpa ha tenido, /digan los hombres: la Cava/y las mujeres Rodrigo. /
Este romance es tan
bello como sabio y espacioso, y descubre que a lo que yo acabo de escribir más
arriba he podido darle otro giro diferente en lo referido al culpable de la
violación, pues ni lo transmitido de viva voz en su día lo aclara, ni la muerte
del rey godo es como yo lo cuento.
Yo he vivido en Toledo
y lo visito con frecuencia, por eso lo conozco bien. Y por eso yo creo en sus
leyendas.




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