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28 febrero 2018

EL BAÑO DE LA CAVA

El baño de la Cava (Pintura de Franz Xaver Winterhalter)



En mi anterior relato dejé una cita histórica que me gustaría rematar. El hecho de que la cita navega entre la historia y la leyenda da qué pensar, pero solo porque los textos árabes la tienen por historia, más su presencia en el Romancero, es por lo que lo sucedido en ella lo considero menos ficticia que real, aunque adornada con bellos intríngulis.
El suceso nace en Toledo, y tuvo que ser ahí y no en ninguna otra ciudad;  no la hay más meritoria que ella. Toledo tiene más encanto, más belleza, más historia y más leyendas que cualquiera. Es una de las más secretas y misteriosas ciudades de España. Y las más poderosas leyendas mudas: las mismas piedras hablan y exhalan el espíritu de la antigua historia.
Queden para turistas y estudiosos sus cientos de monumentos militares, civiles y religiosos encaramados en la atalaya que lo ha mantenido en el suceder de los siglos. Y quede para mí y para lo que nos ocupa lo constreñido íntimo entre sus murallas atinentes a todo aquello que nos hace suspirar, violentar, asustar, rezar, inquirir, sobrecoger o alarmar. Y será entonces cuando Toledo nos hechice y nos fascinen sus historias y leyendas.
Recorrer sus tortuosas calles es dar con bellezas de naturaleza familiar. Te sorprenderán las calles que no dan el ancho de los brazos en cruz, y solamente sus mismos nombres te turbarán: callejón de los niños hermosos, del infierno, de la soledad, del Niño Jesús, del Nuncio Viejo. Te sobrecogerá la campana que suena a medianoche entre tinieblas de soledad. Te asombrarán los pequeños patios entoldados con parra y madreselva en flor–copiado está el diseño de”patio toledano” por el mundo. Descubrirás mansiones encantadas, momias impertérritas, mazmorras inquisitoriales, covachas, espectros extravagantes.
A Toledo se le pasea sin buscar rincones pintorescos, ellos te saldrán al paso. En noches de silencio verás pasear a los personajes que en él han vivido: Juanelo Turriano “hombre de palo”, El Greco, el marqués de Villena, Garcilaso de la Vega, don Esteban Illán. Y todo su vivir lleno de amores prohibidos, de venganzas de sangre, de milagros, de vírgenes negras. Y de traiciones, que a eso vamos.
En fin, son argumentos para pasearlo sin guía ni compañía, pues todo paseo es un viaje al descubrimiento. Y en la fascinación de Toledo  interviene el espíritu de la belleza, que es eterno.
Nos espera allá abajo el río, el anchuroso, el enfebrecido Tajo. Bajo el puente de San Martín, meandros a través de un valle. Y aquí tuvo lugar el origen de la leyenda que se ha dado en llamar “El baño de la Cava”. El baño de la “mujer mala”, que eso significa “Cava” en árabe. Y empecemos.
Resulta que el conde don Julián era el gobernador de Tánger y de Ceuta. Y a una hija de excepcional belleza llamada Florinda la mandó a Toledo para su educación, que a tal sazón era la capital de su reino, y por tanto quedaba bajo los auspicios del entonces rey godo don Rodrigo, del que era leal servidor.
Un día de agobiante calor Florinda decidió tomar un baño en el río Tajo, y emprendió el descenso por las calles hasta llegar a una orilla al pie de un torreón cercano al actual Puente de San Martín, que entonces no había sido construido. Se bañaba con frecuencia y nunca pasó nada, pero en aquella ocasión el baño iba a sellar su desgracia. Tras unas yedras observaba  el rey Rodrigo su desnudez y se le encendió la pasión que venía de atrás. Deshonrada, Florinda nunca volvió a ser la de antes. Comunicó a su padre la desdicha y éste preparó la venganza facilitando sus barcos para la entrada de los musulmanes a España, que fue invadida por Tarik con un ejército de quince mil hombres. El rey godo le presentó batalla en Guadalete, perdió, y pudo morir en ella. Ocurrió el hecho en el año 711, año aquel en el que ocuparon España hasta el 1492. Hasta aquí la historia en cifras.
¿Qué se supo de Florinda? Parece que desconsolada por pensar que Toledo había caído en poder del musulmán por su culpa, se dice que se arrojó desde el torreón al Tajo, donde murió ahogada. Mucho tiempo después algo extraño ocurría. Circulaba un rumor en la ciudad que hablaba de una mujer de rostro perlino, vagando errante y hablando palabras que no entendía nadie. Y cuando la noche era borrascosa en extremo, deambulaba la imagen del rey Rodrigo que osó forzarla. Para acabar con el embrujo, los toledanos, asustados, hicieron bajar a un monje santero y milagrero de las montañas, quien gracias a sus rezos por el descanso eterno de la pareja, anunció que había visto salir del agua los espíritus juntos de Florinda y el rey. Desde entonces nunca más volvieron a verse sus espíritus. Pero la leyenda llega hasta Pedroche (Córdoba) donde se cuenta que Florinda se refugió en el castillo con el hijo que tuvo con el rey Rodrigo y…Y hasta aquí la leyenda.
Queda algo escrito. Y es en el Romancero español. Un romance no es más que un poema conservado en la memoria popular. Un suceso ocurría, se componía en verso, y se cantaba de pueblo en pueblo. Así llegaba a conocimiento de todos y así se han mantenido los sucesos desde tiempos inmemoriales. Después, al suceso relatado, que es verídico, désele la forma que se quiera. Y este “baño de la Cava” está recogido en el llamado “Historias del último rey godo”. Extraigo unas perlas.
“Pensó la Cava estar sola, /pero la ventura quiso/que entre unas espesas yedras/la miraba el rey Rodrigo”.
“Florinda perdió su flor, /el rey  padeció el castigo; /ella dice que hubo fuerza, /él que gusto consentido. /Si dicen quién de los dos/la mayor culpa ha tenido, /digan los hombres: la Cava/y las mujeres Rodrigo. /
Este romance es tan bello como sabio y espacioso, y descubre que a lo que yo acabo de escribir más arriba he podido darle otro giro diferente en lo referido al culpable de la violación, pues ni lo transmitido de viva voz en su día lo aclara, ni la muerte del rey godo es como yo lo cuento.

Yo he vivido en Toledo y lo visito con frecuencia, por eso lo conozco bien. Y por eso yo creo en sus leyendas.

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