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29 febrero 2012

ESPAÑA Y COCTEAU

Jean Cocteau





Nunca Francia sintió aprecio por España, aunque no seré yo quien le niegue un hilo conductor de afinidad, especialmente desde su área sur tan identificada su gente por la afición a las corridas de toros. En este sentido Jean Cocteau, ilustre intelectual francés, asistió allá por el 1954, un primero de mayo, a una corrida de toros, que es muy posible que diera lugar a su libro titulado precisamente “La corrida del 1 de mayo”. Sus consideraciones libres y agudas sobre España fueron desenfadadas y agradecidas, pues nunca ocultó que nuestro país le producía una especial fascinación. Yo diría que llegó a amarla precisamente por una de sus viñetas que copio a continuación:



“España no sabe de avaricia. Tira su dinero por los balcones, maravillosos balcones de plantas verdes y de flores. Quiero decir que España gasta y da todo lo que tiene. El resultado es que España es un país pobre que es rico y Francia es un país rico que es pobre”.



Aquella España no es la de hoy, evidentemente, pero la crisis de ahora me pone en alerta hasta llegar a mosquearme con las similitudes. Lo de rico y pobre tiene su guasa. Japón, sin recursos naturales, que siempre estuvo en la avanzadilla económica por su ingenio industrial, lleva una decena de años sin crecer; Brasil, abundante en dones, anda a real y media manta. ¿Y España? Quince años de crecimiento progresivo nos llevó a soñar con paraísos de gloria eterna. Y ahora, vacías las arcas, ¿qué? Para Cocteau estos episodios son inherentes al español, que no sabe ni quiere saber dónde se hallan los límites del futuro para así no llegar nunca al final de la linde. Echamos mano de nuestro catecismo ancestral y decimos: “a vivir que son dos días y mañana ayunaremos”. Y es que España, que gasta y da todo lo que tiene, es capaz de convertirse en una verbena perpetua si la situación no es corregida. Y eso asusta. Porque la crisis nos ha hecho más pobres a todos, y como habrá que reponer lo que nos falta, o sea, lo que ha sido despilfarrado, volveremos a ser repobres, que diría el argentino.



Uno se pregunta que si hubiéramos sido previsores por naturaleza, ahora es tiempo de vivir del ahorro hasta llegar a verle el fondo al calcetín. Como los franceses. Este evento es un cepo para los economistas mandones que se juegan el dinero y el tiempo en apuestas imprecisas y dudosas, y para los políticos que son quienes los nombran. Yo reconozco que me asiste el derecho de denunciar este derroche disparatado –que no ha servido para nada, sólo para hacer polvo a España- por cuanto que ese dinero no es de los que tienen el poder del mando, y sí mío y de los demás contribuyentes. Los economistas y la economía nos ha tendido tantas trampas que una más no importa mientras el cuerpo aguante. Pero ¿y si dejamos de contemporizar y nos amotinamos los de a pie, nos rebelamos, y le preparamos una nosotros a aquellos que han llevado a la ruina?



30 diciembre 2011

CHORROJUMO



Corría el año de 1868 cuando Mariano Fortuny se paseaba por el Sacromonte granadino en viaje de novios. Observó en una fragua a tres gitanos golpeando con martillos a un yerro candente mientras gozaban del cante. Cosa natural en Granada si se dan juntos un gitano, una fragua y un martillo agrediendo un yunque. Uno le llamó más la atención que los otros, uno de piel más renegrida que toda la caterva junta que amparaba El Piyayo en la Cueva del Altozano. En ese del color del cuero viejo, harapiento, de anchas patillas costeando su boca y de una mirada fría del color del acero, en ese terminó de fijar su atención. “La fragua no es lo tuyo”, le dijo Fortuny. Y lo encaramó a lo más glamoroso de Granada con su pintura y sus recomendaciones. Posa para él, pero antes lo viste con traje de polainas, sombrero de catite y camisa de chorreras. Atuendo de otro siglo que el pintor costea. Baltanás lo describe “vestido de sombrero negro de alcuza con motas, chaqueta corta azul con alamares de plata, faja grana, pantalón negro ceñido y un varilla con contera en la mano”.
Así nació el mito de Mariano Fernández Santiago, conocido por “Chorrojumo”, el gitano más vendido de Andalucía. Ni él mismo sabía bien sus apellidos, pero se hizo retratar por Ayola, gran retratista, en mil poses diferentes, que después vendía a los turistas como postales de culto. Dio un paso en su título y se autodenominó “Rey de los Gitanos”, e incluso para afianzar su magna categoría se dejaba ver con una vara de almendro a manera de cetro. Se dice que en sus postales llegó a ponerse “Principe de los Jitanos. Modelo de Fortuny”. Su figura era un referente a la atracción turística que ejercía Granada, pues no sólo limosneaba como ya queda dicho, sino que ejercía de guía turístico contando con su gran voz leyendas de Washington Irving que él las hacía suya.
El último mes del 1906, según subía por el Paseo de la Alhambra cayó fulminado por un infarto cerebral. Tenía 82 años y estaba casi ciego. Una estatua al principio del Sacromonte, su barrio, recuerda a Mariano Fernández Santiago “Chorrojumo”.