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18 diciembre 2012

LA NAVIDAD Y CAYO LARA




Yo quiero mandaros la felicitación de Navidad al estilo de cómo se ha hecho en el Senado, esto es, con un motivo religioso de portada. Este cumplido ha producido erisipela entre algunos del foro que consideran o ven a una España laica sin más torcedura, ya que este laicismo se ha convertido en una actitud intransigente para aquellos que se encuadran en el epígrafe de “progresistas” o más allá. Tal vez les hubiera gustado recibir una foto de la Rahola, de la Bardem, o acompañado de un dibujito en relieve con la hoz y el martillo, por ejemplo. Y claro, debido al revuelo que ha levantado la referencia religiosa en la felicitación navideña, el presidente del Congreso ha tenido que disculparse, compungido como si hubiese cometido un crimen horrendo. El punto sobre la i lo ha puesto el tipo de Argamasilla que, con su palabrería cansina y de contenidos del siglo pasado, nos ha recordado que España es un estado aconfesional y, por tanto, es un atentado a su persona. ¿Habrá que decirle a éste que la Navidad existía como fiesta pagana antes del Cristianismo? ¿Sus nietos no cantan villancicos, no se divierten, no reciben regalos, no van de copas, trabajan en estos días? Y el presidente del Congreso, repito, va y se disculpa muy dolorido. La derecha está llena de complejos incoherentes, hay que reconocerlo, pues raramente toma una decisión que no resulte equivocada justo por el error de correr a disculparse antes de darse prisa en enmendarla.
Yo recibo encantado los christmas navideños (con sus campanitas, sus renos, sus angelitos, sus textos  sobre Dios…) sin sentirme ofendido en mi poca o ninguna fe, pero lo que me parece preocupante es que, en nombre de la libertad que todos queremos, que todos queremos, repito, el laicismo se haya convertido en una conducta fanática y sectaria. Respetemos las ideas de cada cual, y si son frecuentes los símbolos belenísticos en estas fechas, pensemos que vivimos en un país moralmente vertebrado por el catolicismo. Las tradiciones de la inmensa mayoría de los españoles son merecedoras del mayor respeto y, justo antes de la “cantada” ha debido este hombre pensar que el atentado lo ha cometido él sobre los demás, que son casi todos los españoles.
Es de razón que se consideren y respeten los símbolos de la religiosidad por quienes no los comparten, así como los que creen en ellos los consideren más reconocibles y fascinantes que las tiendas de El Corte Inglés. Y para los que ni fú ni fa, agua.
Y es que uno no se explica cosas de esta España nuestra que nunca quiere ser de todos.

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