Pasó el predominio del jaramago. Pasó la trama en los olivos. Mandan los nardos, engordan las aceitunas, y lo que ayer fue un sembrado, hoy es rastrojo. La zarzamora de la carretera que lleva a la estación de ferrocarril deshace su flor en el vallado de piedra. La matalahúva pierde su cabeza de nieve. Comienzan a descarriarse las codornices en la raña.
El viento
es seco; los caminos son polvo que sólo con la luz primera o la última brisa
del atardecer los hace transitables. De no ser por la chicharra, el campo es
mudo. Resiste lo duro: el olivo y la paja reseca. El verde desaparece, se
defiende mal. Tanta tierra seca, sola y eterna, me angustia.
Revelan
las aguas de las albercas de los huertos de Arsenio y del Rabadán, enfrente están,
la misma luz tibia de la luna; la misma luz que reverberan las piedras que el
sol calentó durante el día.
Así, en
este mundo inhóspito se ha movido nuestra gente. Es verano y es el tiempo de la
espiga hecha grano. Es el pan del año. Es ahora, deber ser ahora, el verano no
da tregua. Duermen en los carros los de la «saca» hasta su destino, sin más
guía que el conocimiento de las bestias, ya conocido por repetido. Se han
asentado las parvas en las eras. Han crujido los trillos y saltado las
gavillas. Este es un verano más, tórrido y abrumador, como siempre lo son.
Han
dormitado los gañanes a la espera de la primera brisa, que les traerá la
aventura de la aventada con el manejo de palas, horcas y bielgos. Y cuidando el
montón de grano limpio, estos hombres duermen bajo las estrellas y junto al
grano con el mismo polvo y sudor del día. Tierra regada con sudores, con
cuidados, con maldiciones.
Somos
deudores de un pasado, esclavo de la tierra y del clima exasperante.
¡Dios,
tanto penar para tan poco beneficio!
Acabo de hacer un pequeño viaje y disfrutè tanto del campo, de los bosques, de las nubes grises y la lluvia. Si fuera escritora como tù podrìa plasmarlo en papel y que lo disfrutaran otros pero no, algunos sì tienen el don. Te hace palpar e imaginar lo que sienten y ven los ojos del escritor. Gracias, Marete.
ResponderEliminarInténtalo, Magui, tú tienes el don, la facultad y la obligación de escribir tus impresiones para deleite nuestro.
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