Yo sé que no tengo remedio, que siempre caigo en los mismos
errores; que los brindis con otros no tienen alma, y termino siempre llorando
por el mismo dolor, con el que tú, pájaro huido, me dejaste sin ruido ni
despedida.
Si te viera entrar... ¡te mataría, Jorge cobarde!, y te
echaría a los zopilotes sin miramientos. El abandono en el que me has dejado te
lo cobraría caro. Téngalo en cuenta, mi hombre. Una mujer despechada tiene el
corazón abierto y la cabeza nublada. Te di mi cuerpo cuando más valía, y tú,
¿Qué cosa a cambio? ¿Qué tengo que agradecerte? ¿Te crees que Dios me hizo tu
pilmama? Nomás me has traído soledad. Has sido el viento pardo que sopla sobre
Luvina prendiéndose de las cosas como si las mordiera. A mí me tocó la mala
suerte de tu llegada y perdí.
Pero
no te ufanes, no estoy sola. Tengo conmigo al más querido y fiel de los
amantes. Vive conmigo, vive en mi casa, vive en la taberna. Vive y me da vida,
lo que tú no fuiste capaz de darme. Ahora, mi amor es el tequila. Se me prende
a los labios y me deja más placer que tus besos. Me duerme el alma, me acaricia
y me consuela la bravura que mana de mis adentros.
Ya
veo las cosas de otra manera después de esta copa, que es la quinta. ¿Ves, Negrete?,
el tequila me transforma, me suaviza esta fiereza de toro bravo que se me
impone cuando me sale el día tonto. Ahora que se me han aflojado las carnes y
empiezo a sentir el palabrerío de la cantina y el murmullo del cristal, ahora
que está sereno mi templo y que hablo pensando en las palabras, ahora que te
veo entrar, te llamo: siéntate aquí, tómate esta botella conmigo, y dime a qué sabe
tu olvido.
No
me contestarás, es tu costumbre. Pero esta noche no voy a rogarte, ¿para qué?,
si siempre caigo en los mismos errores. Y volveré a quedarme sola, brindando
con extraños y llorando por los mismos dolores.
Anda,
tómate esta botella conmigo y, como tantas veces, en el último trago me besas sin
miradas, sin testigos, para que no te avergüences de mí. Eso ya es viejo.
Pero
si algún día tropezamos, solamente nos daremos la mano y después… ¡que murmure
la gente!
Tómate
esta botella conmigo, y en el último trago nos vamos.
Adiós,
mi vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario