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06 septiembre 2020

CUMPLÍ UN ENCARGO

 

Antes que ésta, hubo otra plataforma llamada “La Coctelera” en la que se respiraba buena armonía y una mejor participación. Una paisana mía, Toñi Cantó, me puso en un aprieto hace muchos años con una petición en la que me requería que dijera en público seis cosas o momentos o esencias o circunstancias que me hicieran feliz.

Y le escribí: “Yo, al igual que tú, soy conformista y no tendría problemas en seleccionarlas, la dificultad estriba en la prioridad que hay que darle a cada una, porque todas ellas, juntas y revueltas, nos han construido y hemos salido a la luz como somos. Esta cosa de ser conformistas y adaptables nos viene de nuestra tierra árida y seca, que da unos caracteres espartanos y fácilmente acomodados a las venturas y a las desventuras. Resistimos todo. Estamos hechos de nervio, de esparto y de escarcha en la polvorienta estepa, y es por lo que en nuestra alma llevamos rotos y remiendos que nos han hecho las sequedades del tiempo. Nuestra socarronería y astucia nos viene de ahí, no lo dudes. Como verás más adelante, nada sorprende; todo es normal, como la sal o el azúcar al paladar.”

 En fin, cumplí su mandato y aquí está. Hoy no cambiaría nada, y sí tal vez ampliaría mi nómina añadiendo alguno. Pero Toñi Cantó, mi paisana, me señaló solamente seis.

 1 LA PRESENCIA DE UNA MUJER INTELIGENTE A MI LADO.


 

Pero de una mujer que me acompañe en mi recorrido, bueno y malo, perfecto e imperfecto. Que esté conmigo dondequiera que yo esté sin importarle la situación ni la disposición. Al igual que yo con ella en su senderismo. Doy por hecho, por lo claro que lo tengo, que no me vale cualquier mujer, y menos una mujer cualquiera.Tan esencial es en mi vida que no sabría vivir de otra forma. Falta ella y el vacío se espesa en la casa y el desaliento en mi ánimo. Necesito que me hable, que me anime, que me aconseje. Que me enseñe a descifrar los sueños y que me despierte en el momento oportuno, antes de tropezar y caer.


 2 UN LIBRO.

 

Me  eduqué con un sentido reverencial  hacia la lectura, y tanto ha tirado de mí un libro que cuando aprendí que es mejor lo intenso que lo extenso me fui desprendiendo de ellos de mil formas (regalados, dejados en los bancos de la calle de cualquier pueblo, en el hospital -oncología…), únicamente para dejar hueco que van ocupando otros, según acomodo las lecturas a mis preferencias. Sigo haciéndolo, aunque menos.  Pero no he perdido la costumbre de estropear un libro dejando mis huellas en las sangrías, en los párrafos subrayados, en destacar palabras desconocidas, que ya es como un vicio que me persigue desde niño. Mi gusto personal apuesta por la novela, que es ahí donde la imaginación vuela y se hace fértil.


 3. PINTAR Y ESCRIBIR:

Dos actividades nacidas en mi infancia, alebradas que estaban por mis actividades laborales, aunque esperezándose alguna que otra vez. Hoy, naturalmente, lejos de ataduras externas, cobran cierto brío. Ante un lienzo y un papel, tan limpios que cuesta mancillarlos antes de meterles mano, gozo por querer ser mago, encantador, espiritista o buhonero. Y lo soy. O un dios terrenal que todo lo puede. Y lo soy. La materia al servicio de la voluntad y de la creatividad. Creo que son los únicos momentos del hombre en los que se siente liberado de las cadenas que lo aherrojan. Eso es ser libre, es ahí donde sabes que nadie tasa tu pensamiento ni tu juicio ni tus moldes. ¡Qué hermoso es esto!


 4 RECORRER PAISAJES, VISITAR PUEBLOS

 












Preguntarle al natural que me hable de su iglesia, de su campo, de su plaza, o si le gusta el pan que venden en su pueblo. Quedarme lelo mirando cómo trepa la hiedra por la pared del Ayuntamiento. O sentir el pellizco que me deja el sacramento de esa callejuela sin luz que te lleva hasta el hostal.  Sencillamente, hablar con la gente y conocerla. Cómo hablan, qué deje arrastran,  cómo se entretienen, cómo y de qué viven. Preguntarles por cosas del pueblo que ellos por lo cotidiano y repetido ya no ven. Todo es muy simple.


 5 CAPACIDAD AMATORIA. 

Amo la vida, amo las cosas de este mundo, y esta facultad la siento muy dentro. No desprecio a nadie ni a nadie le deseo ningún daño. Tengo mis preferencias y mis momentos, que no me los callo y puedo criticarlos. Me complazco en amar a los niños, a la fuente, al árbol... Un niño que llora me sacude el corazón, el sonido del agua me consuela y tranquiliza, la naturaleza me hace pensar... Son consecuencias de apego y estima a mi tierra y al mundo cercano. Amo porque siento el dolor ajeno, sé de la importancia de vivir en solidaridad y me calma y conforta la caricia de lo natural. Doy por seguro que si das amor, lo recibes.


 6 LOS MILAGROS. 

Pero aquellos que decía Chesterton, que los milagros de verdad son los que se repiten todos los días: la salida del sol, la lluvia, el amor, la piedad, la fe. Esto es, las cosas más naturales y más normales del mundo. La hojarasca de lo sublime, de lo excelso, de lo glorioso. A mí estas cosas menudas me consolidan y me hacen creer que merece la pena entregarse a ellas con toda la fe. Y si en milagros estamos, también me gusta rematar este punto acudiendo a la necesidad de una fuerza creadora que nos confirma de que no podemos ser producto del azar, de que nuestra presencia en la Tierra no puede venir por una mala tirada de los dados. Y en esto sí creo, a pesar de que los años me aumentan el número de cosas en las que mis  dudas crecen.

 

 

 




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