Trae en jaque Don
Jacobo
a los vinos de Rioja;
nadie sabe hasta qué
punto
monta jarana en la
boca
y deja crudo y
desnudo,
girando como peonza,
al más sabio de este
mundo.
Tempranillo, garnacha
y mazuelo
son padres de Don
Jacobo,
de ahí que le sea
fraterno
al pulpo, al jamón y
al beso,
pues el beso le hace
al vino
como la tierra al
racimo:
nada es si falta uno.
Tomo una copa de vino
y brindo con Don
Jacobo
por Don Jacobo, mi
amigo.





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