A mi amigo Macario, que hoy cumple años.
Andaba mi padre una noche
intentando la conexión con Radio
Pirenaica para conocer lo que se hablaba
afuera de aquello que teníamos dentro, y no había forma. El dial subía y
bajaba sin encontrar el destinatario, y lo único que se apreciaba era una voz que
se iba y volvía de un locutor famoso llamado Bobby Deglané. Este hombre chileno
cayó en gracia porque copó los primeros puestos de la cadena SER con el
programa-espectáculo llamado Cabalgata
fin de semana. Y mi padre, ante lo imposible por oir lo que le convenía, a BobbyDeglané lo dejó entrar en casa y ahí quedó. Por suerte estaba entrevistando a
un jovencísimo cantaor flamenco de
nombre Chano Lobato con el que reí sus ocurrencias y disfruté de su cante al
final de su comparecencia. A mi padre no le gusta el flamenco, los toros si,
pero el flamenco no. Y como no había otra cosa de su gusto, a mí me benefició
que esa noche no funcionara La Pirenaica
ni la BBC.
Mucha labia la del chileno.
Y comunicaba sin pausas, a todo trapo. Yo disfrutaba con las voces de los
locutores de radio porque les ponía
físico y los imaginaba así o asá. A Naima Cherki, que era madrileña, la suponía egipcia, bella,
delicada; a Blanquita Amaro, no, Blanquita, por su acento de tierras más allá
del mar (después supe que era cubana), yo la veía chatita, pícara y exuberante; Bobby el chileno era bajito y
rechoncho, feo de cara, tal vez porque su voz grave lo hacía más bien bobalicón
y prognato. Era el contrapunto a ese otro, Raúl Matas, igualmente chileno, pero su
dicción delicada me lo presentaba delgado, guapo y elegante. Otro al que yo
estudiaba era José Luís Pécker, español, hombre difícil de no escuchar nada más
encender el aparato porque aparecía por todas partes. Este es un hombretón que
debe calzar un 46, me decía yo. Había un mexicano, de Televisa, que cuando me
salía en las ondas me llevaban los demonios porque no hablaba bien de España
por esto, por aquello y por lo otro. Pero como Matías Prats, ninguno. ¡Cómo
declamaba, qué finura y qué gusto daba oírlo! A mí, que sigo siendo futbolero, notaba
la distinción y la belleza de su verbo. Cuando le oías decir Pasa tangente al círculo central estabas
viendo al futbolista cómo y por dónde avanzaba. Dijo una vez: Segarra a Gensana, éste a Vergés, Vergés a
Evaristo, y éste, astuto, fino y listo, lo pasaporta a la red. No invento
nada. ¡Lástima que los futbolistas que nombraba no fueran de otro equipo! Con
Matías había poesía en el futbol radiado. No como ahora que el locutor de turno
me dice lo que yo estoy viendo (banda, córner, área chica, portero, gol), lo
que supone la falta de originalidad en la retransmisión de partidos de fútbol.
Y hablando de gol, ¿se han dado cuenta cómo se desgañitan hasta la extenuación
cuando en radio y en TV cantan gol: emplean tanto esfuerzo en hacer larga la
“o” que más parece que están en un campo de batalla que en una cancha
deportiva.
Blanquita Amaro
¿Y por qué conozco yo la
radio y sus animadores? Pues porque mi afán por hallar personas que me
hablaran de sus respectivos países, tanto de América como de Europa, me hacía
trasnochar buscando en onda corta países donde facilitaban direcciones. ¡Mi
brega por aprender! Una de ellas estaba en Suecia, era Radio Estokolmo. Me dió resultado mi trasnochar, pues he mantenido correspondencia con más de una
docena de personas de todos los países,
incluida España. Todavía conservo noble amistad con alguna de ellas.
Me he desviado del asunto y lo quiero retomar presentando, ahora me toca a mí, al personaje principal de la entrevista de Bobby Deglané: a Chano Lobato. Así que al día siguiente le pregunto a mi tío si lo conocía.
- Sí, muy chistoso; mezcla
el cante con el chascarrillo. Comenzó como cantaor
de atrás, pero después ha sabido colocarse delante. Lo que él interpretó al
final fue un tanguillo, seguro, porque es su especialidad.
- Y el tanguillo ¿qué es?
- Pues es, primero: en
Andalucía, donde nace, una peonza, sobrino. Segundo, un cante de chufla,
jacarandero, de pasatiempo. Está emparentado con el tango flamenco, pero este
palo no tiene rango básico.
- Entonces, ¿por qué
sobrevive?
-.Porque nació de la estela
folklórica del tango y se difundió rápidamente por la fácil asimilación del
pueblo. Nació en Cádiz y de allí irradió a los Puertos y hacia el interior. En
fin, sobrino, el diminutivo ya te ofrece con elocuencia su inspiración festiva.
- Estos cantes también son
necesarios para alegrar la vida, tío. Porque siempre habrá bodas, bautizos y
comuniones. ¡Y porque los canta con mucha autoridad Chano Lobato, que para eso
nacieron, tanguillo y Chano Lobato, en la misma ciudad: la Tacita de
Plata!
Chano Lobato fue el alma de
todos los cantes de Cádiz. Su mejor intérprete.

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