Son las 9:30 de la noche y llueve a mares. Nos rodea una tormenta gigante y cercana, el agua ahuyenta los vapores del calor que el cemento lleva acumulados durante meses, a la par que despierta los aromas de la tierra sedienta. Pero sólo es una tormenta puntual que va de peregrinación hacia el norte.
Mañana es
posible que sea un día de sol y vuelva otra noche de calor, como una de tantas,
y podré recorrer las calles dormidas del pueblo. Oiré el ladrido lejano de un
perro de majada, angustiado por el peso del silencio, o tal vez por el ruido de
la hierba que crece bajo sus pies. Arriba se mostrará el cielo sereno y
estoico, pleno de estrellas sin puntas que no son otra cosa que guardianes de
la noche. Pienso en Ovidio, en su Ars Amatoria, cantando a la noche y a las
horas que hacen aún más hermosas a las mujeres. También en algún lugar se oirán
los pasos quedos de los que van a amar o los pasos largos de los que vienen de
amar; los del vagabundo son pasos piadosos que acompañan en su cuerpo la calma y
en el alma una cencellada de esperanza, y que se echa a la calle en busca de
caridad o de amor, porque el amor es como la noche, que a todos roza con su
suave exhalación.
Me place pensar de
noche mientras camino a ningún sitio. Amo la noche, me entrego a ella. Ando
por Casas Viejas, donde la tierra se abre en abanico. Me detengo y escucho, todo
se mueve, pero no oigo el siseo de las hojas, ni oigo a los pájaros que mudan
de sitio, ni el chistar del balanceo de las cebadas cercanas, ni el toque del
vientecillo que me briza, pero oigo. ¿Qué estoy oyendo si no se oye nada? Oigo
el silencio, que me llega musical. ¿Y quién toca cuando yo oigo el silencio?
Mañana estarán
todos los caminos abiertos al sol y por ellos andará afanado el mundo entero.
El día será de todos, pero su noche es mía. Nada soy en el espacio, ni siquiera
una mota de polvo estelar, pero esta noche, de tan feliz ventura mía, están
cruzando el cielo por encima de mí todos los planetas del universo y me parece
que pasan saludándome.
Si tuviera poder
para detener el movimiento de los planetas, ¿a la Tierra la dejaría de día o de
noche?
Noche, ¿por qué me inquietas tanto?
No hay comentarios:
Publicar un comentario