Hoy
hace un año que nací. Fue el día 9 de abril de 2019. Sin llorar, pero fue un
parto muy doloroso; di mucha guerra, bien lo sabe Dios. En estas fechas de la
Semana más Santa del año crucificaron a Jesús; y a mí me crucificó un cirujano
que en lugar de lanzada en el costado me aplicó un bisturí en el centro del
cuerpo que me tuvo exánime los días justos que mi naturaleza podía soportar. A
Jesús lo acompañó su Madre y María la de Magdala; a mí, la Betina, la que
sufrió con mi dolor, la que veló mis sueños, la que iluminaba mis sombras, la
que me calmaba en las caídas, la que controlaba con sus manos mi fiebre
nocturna. La que aguantó carros y carretas desde el primero al último minuto.
Dios la premie. Y a mi madre, que desde arriba, y como siempre, siguiendo mis pasos para no caer en tentaciones. Mi madre, que precisamente murió el mismo día pero ocho años atrás, con mayor razón, pendiente de mí. Dios la habrá galardonado.
Aprendí
muchas cosas desde aquel momento que me superó físicamente, pero me resucitó
otras, latentes que estaban, como protestar a Sanidad para exigir que me
ingresaran antes de tiempo (ahora me da risa), o corregir con fuerza a un
cirujano que quiso darme de alta cuando yo consideré que no era prudente
ordenarme salir. Y retrasó la salida hasta que yo me vi seguro de abandonar la
sala. Buena gente la que nos cuida, con qué esmero tratan al enfermo. ¿Qué le
inocularán en la facultad para que desplieguen tanto desvelo en el trato,
tolerando y aceptando por caridad cometidos tan desagradables? Mención especial para el cirujano,
doctor Tobalina, y para la enfermera de quirófano, Cristina Sepúlveda, que el médico depositó en sus
manos los despojos que me sobraron, y que nos reíamos con su relato cada vez
que me visitaba en sala.
Aprendí
a pensar en cosas con hondura, de las que siempre pasé por alto como si por mí no fueran; sí, pensaba porque mis dudas me llevaban a recorrer un camino que ignoraba si era largo o corto, como: ¿cuál es mi tiempo? ¿Qué es el tiempo para la muerte? La muerte no tiene prisa, más tarde o más pronto estás con ella, siempre te espera. Por eso la muerte no cuenta el tiempo.
Conmigo hicieron los sabios de
allí cuanto quisieron, lo mejor que saben, pero en el pensamiento no entraron:
entras tú en el fondo de las cosas. ¿Y en qué vas a pensar metido en un medio
que la mitad de ese medio es vida y el otro es muerte? Ea, pues que se te echa
encima la tragedia griega y se centra tu interés en analizar el sentido que tiene la muerte, tan
cerca que la tienes y tan odiosa que es. ¿Qué meta, qué valor o qué importancia
tiene. Parece que únicamente nacemos para morir ¿Nacemos y crecemos solo para
eso? ¿Estamos en este mundo para ver pasar la muerte y que nos señale a
voluntad para llevarnos? ¿Por qué no nacemos máquinas inteligentes irrompibles?
Tal vez Dios con sus avisos continuos nos está mostrando un camino que debemos
seguir y al que nosotros le abrimos ramales o lo curvamos y por eso nos priva
de lo que entendemos que es la muerte. ¿Somos, entonces, un juguete en manos
de Dios que nos da cuerda y nos fija el tiempo de marcha? ¿O tenemos el camino
señalado desde que nacemos? Si esto es así, no entiendo que vidas limpias e
inocentes estuvieran escritas por el engranaje del determinismo. Entonces ¿para
qué vivimos? ¿Con qué ánimo abordamos la vida si conocemos que atropella vidas y
las remata en la nada, en lo oscuro absoluto? ¿Para qué hay que tenerle miedo a
la muerte si está en nosotros, como el hígado o las manos? Somos su huésped.
Deberíamos nacer con una impronta que se activara automáticamente al despertar
de todos los días para decirnos “Naces para morir y puede ser hoy”. Acaecería
una nueva forma de vivir, supongo. No sé dónde está el misterio de la muerte. Quizá la
vida solo pueda entenderse partiendo del propósito de no renunciar a nada de
ella si al fin somos ceniza y barro.
Así
que decidí desde la cama del hospital vivir la vida de otra manera, o sea, darme
más protagonismo. Tantos miramientos dedicados a ella, sobran. Me dije entre
otras cosas: seré juicioso, pero no botarate; rebelde, no sumiso;
independiente, no cautivo. Si voy a morir, aprovecharé la vida para
disfrutarla, que esta pasa con rapidez y brevedad.
Y
como solo tengo un año, mi vida de atrás no la reconozco, no quiero estar en
ella ni voy a llamarla en mi pensamiento nunca: que desaparezca, que se borre mi pasado. Y como
esto es una utopía, lo sé, intentaré que todo lo malo que ha pasado por mí no
tenerlo en cuenta, no pensar en ello, no ha pasado; esto es, sencillamente, no
me ha ocurrido, ha sido soñado.
A
partir de ahora, vivir con cambios y darle gracias a Dios.Yo, desde este medio, me felicito por mi primer cumpleaños.


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