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31 agosto 2018

COSAS DE LA RADIO (5)




Don Daniel calle Nueva abajo 




Mi tío Alberto no va a misa. Dice que Dios está dentro de él y no necesita pisar la iglesia. Aunque tampoco tiene claro dónde está Dios, si dentro o fuera o en ningún sitio, porque a veces se esconde o se duerme y no atiende a la gente buena; ni siquiera a los niños, que, siendo inocentes de todo, va y los deja morirse de hambre o de enfermedades. Si Dios castiga a los malos, a él no lo tuvo en cuenta siendo bueno, ya que lo castigó con una guerra de por medio que no iba con él y lo arrojó al pozo de las desdichas, porque si no fue tragedia tirotear a hermanos y verlos muertos y padecer miserias y calamidades, si eso no es un castigo que venga Dios y lo vea. Esas cosas dice mi tío, porque cuando ve lo fácil en lo imposible para otros, o se le contradice diciéndole que lo oscuro es claro siendo oscuro, afina su convicción y suelta la misma frase: Que venga Dios y lo vea. El cura don Daniel, tan hombre, tan bondadoso, no puede con él, le saca de sus casillas y le llama montés y cerril, pero no desespera, tiene paciencia y aguarda su momento para llevarlo al redil. Indómito es mi tío, ingobernable también, pero cerril, no. Canta flamenco y eso es de gente fina y bravía. Él hace de su capa un sayo, porque por eso es un Chavao, que es un mote de una generación familiar indoblegable, y presume de él. Don Daniel no pudo adoctrinarlo, ni siquiera llevarlo a la iglesia durante los largos años de ministerio. Ya ves tú, don Daniel, un santo que es, que un día entró en casa a la hora de comer y cogió mi cuchara, la metió en el plato y estuvo comiendo de pie, porque no se sentó siquiera; yo pensé en Jesucristo porque leía en la Historia Sagrada que hacia esas cosas tan humildes y tan cercanas, de hombre santo. Gazuza, eso es gazuza y no otra cosa, me dijo mi tío con acritud. Igual es verdad, y yo me callé por si acaso, porque mi tío tiene unos prontos que...

 Tenía por valedoras a las Chachasamelias, personas importantes de Alamillo, que estaban pendientes de él para ayudarlo, no como Doñángela y la Doñatanita que se sentaban en la primera fila de la Iglesia para despellejarlo después en tertulias ateas por su sermón dominical, un sermón que siempre principiaba con un “Amadísimos”. Cháchara, pura cháchara sus homilías, sobrino, yo tengo oídos nuevos para escuchar una música nueva, unos ojos nuevos para vislumbrar lo más lejano. Escuchar y obedecer  es de débiles y todo lo que hunde sus raíces en la debilidad es lo malo. ¿Y qué es lo bueno, tío? Son las cosas que elevan en el hombre el sentimiento del poder, el poder en sí mismo.Y las Doñas hacen bien, que lo desplumen como yo a mis gallinas, dice mi tío. Pero si no vas a misa y no lo oyes, ¿cómo sabes? Lo sé, porque conozco a las Doñas. Pues que sepas que el otro día, en una de las visitas que le hacia a un vecino pobre y enfermo de cama, mientras lo consolaba le dejó cinco duros debajo de la almohada, y esto es verdad, que me lo contó su hijo un día echando el trompo en los Chorros. Se lo darían las Chachas, porque Don Daniel solo tenía una sotana, raída y llena de lamparones, ¿o es que no te das cuenta cómo viste, sobrino? Fue un buen cura don Daniel, un sacerdote burgalés nacido para Alamillo, de donde salió camino de su tierra para morir en ella.
Plaza antigua




La Plaza, hoy

Mi tío, que no odiaba al sacerdote sino a su prédica, le hizo a don Daniel una letrilla con retranca y le cantaba:

Eres Padre de almas
ministro de Cristo
tronco de la iglesia
y árbol del Paraíso.
Es don Daniel bondadoso,
el de la capa raída,
quien me llama y no respondo
a ninguna Avemaría.
Paciencia, Padre de almas,
que las cosas vienen solas
y llegan si las exaltan
sucesos en carambola,
y no de palabras bobas.

Mi tío lo canta a pelo una, dos, tres, veinte veces, hasta que le da el tono y lo va fijando. ¿Y esto qué es, tío? Te lo canto como una toná o un martinete, da lo mismo, por ahí va a ir la cosa. Me suena feo el nombre. Pero te suena, sobrino, porque este nombre alude a un origen de fragua o de herrería y se cantaba a golpe de yunque, y un hierro sobre otro hierro, suena, ¡claro que suena! Muy gitano este palo flamenco, se aviene con la habilidad que tienen en los trabajos de los metales. Este cante no tiene compás, es libre, y es como el lamento de las tribus errantes bajo la luna por tierras desconocidas. Arrastraban la melodía con esfuerzo, como los penados con grilletes. Y cuando se remonta a países de libertad, es cuando despliega su vuelo para expirar en un gemido angustioso. Hay muy  pocos cantes, sobrino, tan desgarrados y exigentes.

- Eso sí, tío, porque exigentes sí erais siempre tú y don Daniel, que me daba pena el hombre. Es que había veces que yo creía que llegabais a las manos.



2 comentarios:


  1. La plaza va cambiando mucho, ahora hasta tiene una estatua. Don Daniel era así, de tu tío recuerdo el mote. Un saludo, te sigo leyendo.

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  2. Manoli, la plaza de los Chorros a la actual sí que ha cambiado, ya no se le parece en nada.Recuerdo muchas cosas de don Danie, era un cura que me caía bien a pesar de que nos tenía a todos los muchachos en activo. Mi tío Alberto vivía por cima de mi casa, donde ahora vive mi prima Clemen.Era un buen aficionado al flamenco en una época en la que en el pueblo casi no se conocia este cante.Lo tengo muy presente, porque por él me vino la afición y cuando pongo flamenco o lo oigo,lo recuerdo.Un gran tipo.
    Un saludo

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